El nacimiento de Fenris trajo consigo una nueva normalidad, siendo los padres primerizos que eran, todo se centraba en el bebé y no podían estar más felices por ello, incluso si dejaban de dormir y sus necesidades tenían que pasar a un segundo plano.
Skandar: Vamos, Fen, una hora, solo te pido eso.
El bebé simplemente gorgojeo, risueño por la cara de su padre.
Coraline: ¿Quién es el niño más bonito? – Fenris respondió con ruiditos alegres – Exactamente, tú, pequeño rey.
Coraline podría definir a Fenris como la luz de sus ojos, un nuevo tipo de amor y su loba estaba totalmente de acuerdo, nunca se hubiera clasificado como maternal, eso estaba destinado a su padre, pero el niño la tenía alrededor de su meñique.
Y ni hablar de sus abuelos, Snow había florecido con todos los niños en casa y de alguna manera, incluso con todas las horas que trabajaban conseguía tener todos sus nietos juntos, jurando que el pequeño Fenris debería tener compañía de su edad desde el principio, tal como Cora había tenido a Declan siempre a su lado.
Así que en casa solían estar cuatro pares de pequeñas pisadas, risitas de bebés, ronquidos a la hora de la siesta o en el peor de los casos, muchos llantos difíciles de aplacar.
Y los abuelos nunca lo harían de otra forma.
Todo parecía perfecto, idílico y un sueño hecho realidad para todos los involucrados.
Coraline incluso había conseguido dominar todo lo que quería en la vida y estaba orgullosa de sus creaciones, tanto robóticas como lobunas, bueno, casi porque todavía habían pequeños detalles en Robecca que estaba segura de que podía mejorar, como su durabilidad o los problemas con el agua, tenía que existir alguna solución.
Pero no creía poderla encontrar en Moonwood Mill, por mucho que hubiera desarrollado un amor por el pequeño pueblo, conocía sus limitaciones, así que tuvo que volver al lugar donde todo comenzó y encontraría las respuestas que estaba buscando.
Hizo un pequeño hueco en su horario, dejo a Skandar a cargo y prometió volver antes en cuanto pudiera, no esperaba demorar demasiado pero con ese tipo de cosas uno nunca podía estar completamente seguro.
El bibliotecario no tenía idea de donde encontrar lo que quería, el club de robótica parecía dar vueltas y no paraba de discutir entre probabilidades, desastres y alternativas, todo un debate interesante, sin embargo podrían dar vueltas sobre el tema semanas y no llegar a nada, problemas típicos de los debates.
Entre una cosa y la otra, recordó algunos de sus secretos y lugares inesperados para obtener información, recurriendo a estos.
Esa fue su perdición.
Descubrió de la peor manera porque algunas cosas eran secretos e implicaban más peligros de los que parecía.
Pero esa lección nunca podría enseñársela a Fenris… Esperaba que lo aprendiera antes de que fuera tan tarde como lo fue para ella.
Muerte: Orgullosos sims… ¿Por qué nunca aprenden los límites de su propia existencia?
En casa, Skandar llevaba todo el día nervioso, con un mal presentimiento y el vinculo de su alma gemela doliendo, se intentaba convencer de que solo se trataba de nervios, su Cori llevaba todo el día sin aparecer, ni siquiera un mensaje de texto ¿Dónde estaba? Quería creer que solo se debía a que estaba demasiado entretenida para llamar pero no bastaba.
Entonces llamaron al teléfono y su vida se destrozó.
Skandar no recordaba casi nada de los días siguientes, no sabía ni siquiera como le había dicho al resto de la familia o quien había organizado el funeral. Desde el momento en que Coraline murió, la perdió el color, respondía por instinto, se levantaba porque tenía que cuidar de Fenris pero el mundo era gris.
Y el día de su despedida sería el único que recordaría de aquella época. En otoño, como a ella le hubiera gustado, con el suelo del color que la representaba por las hojas, sin embargo odiaría los arboles desnudos, las vestimentas oscuras, incluso la de Snow, que siempre era blanco, y la tristeza impregnada en el aire.
O la cara de dolor y lágrimas secas de todos los que amaba.
Su padre ni siquiera pudo levantar la mira durante todo el proceso, usando el hombro de su hermana para llorar, su pequeña, la niña de sus ojos había muerto y no sabía como aprender a vivir con eso.
Snow: Mi niña preciosa – Consiguió decir, en medio de los sollozos – Mi pequeña cerebrito… ¿Por qué te fuiste? ¿Cómo vamos a vivir sin ti? – Susurro – ¿Cómo lo voy a hacer? No es natural… No debía pasar, los niños tienen que sobrevivir a sus padres, Cori, no al revés, nunca al revés. Te voy a extrañar toda la vida – Murmuró, entre las lágrimas – Mi dulce niña, te llevo en el alma… Te necesito, te quiero, vuelve…
Iris fue la única que consiguió apartarlo de su tumba, no demasiado lejos, apenas lo suficiente para permitir a todos los demás dejar sus flores, Declan ni siquiera pudo hablar e incluso las trillizas lloraban desconsoladas con la tristeza de todos los demás.
Skandar fue el último y cuando llego su turno seguía sin saber que decir, estaba enterrando al amor de su vida cuando todo parecía perfecto, cuando su pequeño cachorro ni siquiera podía andar…
Skandar: Cori, mi amor – Susurró, tan bajo que nadie más escucho – Las palabras o las lágrimas no son suficientes para todo lo que siento, nunca lo son, ni para decirte cuanto te amo y mucho menos para despedirte, no lo puedo creer… No puede ser verdad, amor, la luna no debería permitirlo… Pensábamos unirnos, acompañarnos para siempre y ahora no estás aquí ¿Dónde estás? Te debería acompañar, nunca debí dejarte ir sola… Amor ¿Por qué?
El funeral terminó con una nota triste y desesperada, aunque nadie podía terminar de creérselo, Coraline era tan joven y tan llena de vida que simplemente era impensable, pero como a veces puede ocurrir en medio de tanto desconsuelo, las discusiones explotaron, justo con quienes menos lo esperaban.
Snow: ¡¿Cómo pudiste dejarlo pasar!? ¡¿POR QUÉ NO ESTABAS A SU LADO!? – Sus gritos resonaron en todo el lugar, llenos de dolor – ¡¿Por qué no la cuidaste mejor!? ¿Dónde estabas cuando ELLA ESTABA MURIENDO?
Declan: Papá…
Snow: Si tan solo… Si tan solo hubieras estado a su lado… ¡Quizás todavía estaría viva!
Declan: Papá, papá, basta… Vamos a casa, papá… Lo siento, Skandar.
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